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¿Todavía existe el psicoanálisis?

Es verdad que el psicoanálisis nació en el siglo XIX a raíz de que un cierto neurólogo llamado Freud, quien se interesó en un campo vecino a su propia ciencia. Su interés se posó sobre algunos fenómenos que podrían analizarse científicamente como fallas en el aparato psíquico; ejemplos de estas fallas: los lapsus, los actos fallidos, los sueños. Con respecto a estos últimos, sabemos que no es posible programar antes de apoyar la cabeza en la almohada aquello con lo que vamos a soñar, simplemente soñamos. La pregunta que se impone entonces es la siguiente: ¿pero entonces, quien sueña? La respuesta ronda alrededor de: yo pero... no soy yo, entonces quién. Aunque se parece al juego del gran bonete, el punto está en que esta pregunta permitió a Freud fundar un concepto que revolucionó al siglo XX: el Inconciente.
Por aquellas épocas, principios del 1900, acudían a Freud las primeras histéricas que le presentaban sus síntomas, siendo el más paradigmático la parálisis histérica. Estos síntomas histéricos consistían en fenómenos inexplicables para la ciencia médica de la época; es por esto que a aquellas mujeres se las tildaba de simuladoras. A pesar de todo Freud alojó ese sufrimiento y dio lugar a la palabra de esos sujetos. Su hipótesis con respecto al síntoma consiste en que: se trata de algo a descifrar. Para ello se necesita que el paciente hable, la verdad de lo que le sucede, la verdad de ese sufrimiento se encuentra en él mismo.

El primer paso de un análisis consistiría en encontrar aquel anudamiento inconciente que hace al sufrimiento de cada sujeto. Sin embargo el segundo paso es tan importante como el primero puesto que se sostiene en una hipótesis fuerte del psicoanálisis: si es que un sujeto repite una forma de conducirse una y otra vez, es porque inconcientemente algo se satisface en él. Los pacientes expresan: “me pasa siempre lo mismo”, “me gustaría hacer tal cosa, pero termino haciendo lo contrario”, “pienso siempre primero en el otro antes que en mi”; todos estos son ejemplos de que a la persona algo se le impone sin saber bien por qué.

El segundo paso consistiría en renunciar a ese tipo de satisfacciones (que para la conciencia se presentan como sufrimiento) o abrir caminos a nuevas satisfacciones.
La la presentación de los pacientes contemporáneos es muy distinta a aquellas primeras histéricas que veía Freud; lo que se presenta en el consultorio son fundamentalmente ataques de pánico, fobias y depresiones. A pesar de estas nuevas formas de la época, comprobamos claramente día a día cómo el padecimiento sigue estando íntimamente ligado a lo inconciente. Es por ello que el psicoanálisis, lejos de estar agotado por viejo y caduco, revive gracias a la experiencia cotidiana que nos impulsa a continuar por el hecho de verificar que el inconciente sigue vivo en la palabra de cada uno de los pacientes.

Lic. Marcelo La Valle
Psicoanalista


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