
La clínica nos invita a dialogar con el discurso médico y por añadidura farmacologico.
Pantearé algunos de los postulados básicos de la farmacologia, basandome en la singularidad de una célula y un proceso:la neurona y la sinapsis.
La neurona es una célula cuya principal función es transmitir un impulso. La sinápsis es el contacto por el cual se produce la transmisión de un mensaje. El mensaje a transmitir es codificado en una sustancia particuar llamada neurotrasmisor. El cual se produce en el núcleo neuronal y es trasladado en vesículas hasta el botón sináptico para ser expulsado al espacio intersináptico, así se llama el intervalo entre una célula y otra.
En el intervalo, y como no podia ser de otra manera se da un proceso fundamental.
El neurotrasmisor puede sufrir tres destinos, ser degrado. Ser reconocido por una proteína de la celula post-sináptica(receptor) y unirse a ella. O ser recaptado por la neurona pre-sináptica.
Para el psicoanálisis, la palabra es la "sustancia" por excelencia con la cual trabaja, el inconsciente es definido como un saber no sabido que produce efectos en el sujeto.
El sujeto es dividido, alienado, sujetado y producido por el significante.
El sujeto del inconsciente no es sustancial, así como tampoco el inconsciente, pero produce efectos y con esos efectos trabaja el psicoanalista:lapsus, sueños, fallidos, chistes, síntomas.
Desde luego no podemos dudar ni negar las bases orgánicas, pero quedarnos con una definición del hombre como un complejo organismo es reducir lo humano, otro reduccionismo es atribuir todo fenomeno a cuatro conceptos claves del psicoanálisis. Quedarnos únicamente con ellos sería oponernos al cuerpo de saber que sostenemos, pues se trata del no-todo.
Sabemos que ningún psicofármeco cambiará las relaciones de goce del sujeto, está es la tarea exclusiva y subversiva del psicoanálisis.
Entonces en la particularidad del caso que se trate, de ser necesaria la inclusión de una sustancia exógena para producir las condiciones esenciales que el dispositivo analítico requiere, porque no apelar al dialogo con la farmacologia y tomar de su saber aquello que nos brinde las condiciones de posibilidad a nuestro quehacer.
Lic. Patricia M. Rodriguez
Psicoanálista
